¿Por qué ruedo cortometrajes navideños?
Desde 2018 he convertido en tradición rodar un cortometraje navideño cada año. Y desde entonces muchos me preguntan “¿por qué siempre Navidad?”, la respuesta es sencilla: porque me permite vivir dos veces la magia.
Viviendo la Navidad dos veces al año
La primera Navidad me llega mucho antes que al resto del mundo. Entre septiembre y noviembre, cuando los demás piensan en rutinas, colegios y otoños grises, yo ya estoy colgando guirnaldas, preparando árboles y rodando bajo nieve digital. Vivo la emoción de los villancicos y la ilusión de las luces en meses donde, en teoría, no deberían existir. Y la segunda Navidad, la de verdad, llega en diciembre, con las calles encendidas y las familias reunidas.

Ese doble regalo me mantiene en marcha. Me recuerda que la magia no está atada al calendario, sino a las personas y a los momentos compartidos.
El alma de mis cortos: mis actores
Nada de esto tendría sentido sin los actores que me acompañan. Ellos son el corazón de mis historias y el motivo por el que cada rodaje se convierte en algo inolvidable. Quiero nombrarlos uno por uno, porque cada uno ha dejado huella en mi cine y en mí.
Laura Lebó: Ella es mucho más que protagonista: es mi verdad en estado puro. En el set de rodaje tiene esa capacidad única de hacer desaparecer la cámara, de lograr que la ficción se sienta real. Su mirada transmite ternura, y su sonrisa es capaz de sostener una escena entera. Laura ilumina cada proyecto con autenticidad y calidez, y con ella la Navidad siempre parece más cercana.
Pablo Pinedo: Pablo es la presencia. Su personalidad le hace apasionada por la interpretación contagia al resto del equipo. Su seriedad como actor contrasta con su humanidad fuera de cámara: cercano, generoso y siempre dispuesto a dar lo mejor.
José Antonio Ortas: Con José Antonio descubrí lo que significa un actor que escucha. Tiene una manera de hacer grande lo pequeño, de convertir un gesto sencillo en un momento inolvidable. Siempre encuentra el detalle que eleva la escena.
Alberto Mazarro: La energía de Alberto es pura chispa. Llena los rodajes de entusiasmo, propone, inventa y da frescura a cada proyecto. Con él, cualquier jornada de rodaje se convierte en una aventura divertida.
José Luis Panero: José Luis aporta calma y paciencia. Es de esas personas que sostienen el rodaje incluso cuando las cosas se complican. Su serenidad inspira confianza, y su talento añade peso y solidez a cada historia.
Luis Fdez. de Eribe: Luis tiene la nobleza del oficio en la mirada. Con él, los personajes respiran humanidad, profundidad y oficio. Cada escena con él tiene un peso especial, un poso que perdura.
Mario Pérez-Roldán: Mario es el humor sincero, la frescura, la chispa que rompe tensiones. En cámara da vida a personajes entrañables, y fuera de cámara sabe regalarnos sonrisas cuando más se necesitan.
Valentín Paredes: Valentín es elegancia y experiencia. Su presencia llena la pantalla y aporta un carisma difícil de describir. Cada vez que se pone frente a la cámara, todo se eleva un peldaño.
Jasón Matilla: Jasón es pura versatilidad. Se adapta a cualquier registro y lo hace con naturalidad. Da gusto verlo transformarse en escena y mantener siempre la misma humildad y entrega.
Álvaro Palomo: Álvaro es fuerza y pasión. Sus interpretaciones transmiten tragicomedia pura, y al mismo tiempo aporta un espíritu joven, fresco y lleno de ilusión. Tengo ganas de volver a tenerlo delante de la cámara.
Isabel Gómez-Escalonilla: Isabel es sensibilidad y dulzura. Su forma de interpretar conecta directamente con la emoción, con esa ternura que tanto busco en mis historias navideñas.
Alberto Ramos: Alberto es un actor que se interesa de verdad por su personaje. No se queda en la superficie: indaga, pregunta, busca motivaciones, quiere entender hasta el último matiz. Esa dedicación se nota en pantalla, porque lo que transmite no es solo interpretación: es compromiso y autenticidad.
Alberto González: Alberto es la verdad sin adornos. Su bandera es la naturalidad, y eso lo convierte en un actor único: no interpreta, vive. Cada palabra suya nace limpia, cada gesto parece inevitable. Frente a la cámara no busca brillar, y precisamente por eso ilumina las escenas con autenticidad.
Laura de la Vega: Laura es realismo. Siempre entra al rodaje con seriedad y aporta frescura. Tiene una energía severa que contagia y que hace que cada proyecto se llene de vida.
Víctor Octavio Elena: Víctor es entrega absoluta. Se da al 100% en cada toma, con disciplina, pasión y una humildad que lo hacen imprescindible en cualquier equipo. Hace tiempo que no hacemos nada juntos, pero la vida es muy larga.
Revivir la magia
Rodar en pleno otoño, cuando el calendario todavía no marca fiestas, me regala algo que no tiene precio: la posibilidad de recrear, junto a este grupo maravilloso de actores, la ilusión de la Navidad. No es solo cine: son abrazos en los descansos, miradas de complicidad en cada toma, carcajadas entre escena y escena. Es la certeza de que, aunque la nieve sea artificial, la emoción es real.
En definitiva, que sigo rodando cortometrajes navideños porque necesito esa doble dosis de ilusión. Porque cada proyecto me permite vivir la Navidad antes de tiempo y volver a hacerlo después. Y porque compartirlo con actores como los que me acompañan lo convierte en algo que trasciende la pantalla: un pequeño milagro de amistad, arte y esperanza.
La Navidad no es una fecha fija. Es algo que elegimos crear juntos. Y gracias a ellos, desde 2018, yo tengo la fortuna de vivirla dos veces al año.

Qué oportunidad tan valiosa y valiente para recuperar la autenticidad del Evangelio. Y qué bonito resulta compartir la experiencia con tan buenos amigos y compañeros. Gracias, querido Óscar por hacer cómplice de este fascinante viaje.
Amigo José Luis, contar contigo es un lujo y una necesidad artística y personal. ¡Que el Señor nos permita rodar muuuuchos cortos navideños!
Un abrazo enorme