Soñando en 35 mm.

Blog del director de cine Oscar Parra de Carrizosa

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El silencio del mañana.

El gusanillo del set: Por qué necesito rodar «El silencio del mañana»

Hay guiones que se escriben con calma, disfrutando del proceso y sabiendo que ya llegará su momento de madurar en un cajón. Y luego están esos otros textos que te queman en las manos. Esos que, según pones el punto y final en la última página, te inoculan una especie de fiebre que solo se cura de una forma: cargando el material, reuniendo a los artistas y plantando el trípode y todos los demás cacharros, que no son pocos, en mitad de localización.

Eso es exactamente lo que me pasa con «El silencio del mañana». Tengo unas ganas locas de rodarlo.

Una olla a presión a cuarenta grados

Quienes me conocéis sabéis que me fascina el poder de las historias contenidas, esas donde la tensión no depende de un despliegue pirotécnico, sino de la verdad de los personajes y de una atmósfera que asfixie al espectador.

«El silencio del mañana» nos traslada a la tarde más calurosa del verano de 1997. El escenario no puede ser más mundano y, a la vez, más magnético: un pinar castellano, una mesa de camping barata, unas tortillas y algún refresco sudando por el bochorno. Cinco amigos en lo que parece un picnic rutinario de sábado de agosto.

Sin embargo, la aparente tranquilidad se rompe por completo cuando Antonio,  decide que es el momento de cortar los lazos con el pasado, amenazando con dejar al resto a la deriva. A partir de ahí, el costumbrismo se quiebra para dar paso a una tensa sobremesa donde la lealtad, los reproches acumulados durante años y el miedo crónico a la soledad chocan bajo un sol abrasador.

El cine que me gusta es el que confronta al espectador con sus propios abismos cotidianos. ¿Qué precio tiene huir de los tuyos? ¿Se puede comprar la libertad a costa de la peor de las soledades?

El poder de una mirada (y una Polaroid)

Si hay algo que me pide el cuerpo a la hora de dirigir este proyecto es el brutal duelo actoral que esconde. Ver cómo Luis José, Justo y Juanma se desmoronan ante la traición inminente de Antonio, mientras Ana, un personaje que para mí es el auténtico oráculo de esta historia, observa la grieta emocional del grupo sosteniendo una vieja cámara Polaroid entre las manos.

Cuando la discusión llega a su punto de no retorno, un gesto decidido de Ana con su cámara destapará un suceso inexplicable que fracturará la realidad del pinar. La frialdad de Antonio se transformará entonces en un temor sobrecogedor ante una revelación que nadie podrá esquivar. No quiero desvelar nada más, pero os aseguro que el giro final os va a dejar clavados en la silla.

El silencio del mañana

Puro oficio cinematográfico

Desde el punto de vista técnico, es un caramelo que me apetece muchísimo exprimir. Rodar en exteriores naturales, lidiando con la luz filtrada de los pinos y buscando esa estética noventera tan orgánica y cruda, es el tipo de retos que te devuelven a la esencia del oficio. Aquí no hay trampa ni cartón; todo dependerá de la finura del montaje, de una fotografía que transmita el sudor y el polvo, y de un elenco que se deje la piel en cada réplica.

El guion ya está listo, las localizaciones están en la cabeza y el motor creativo está rugiendo. «El silencio del mañana» es una advertencia sobre esas decisiones que arrastran un silencio para siempre, y creedme si os digo que no voy a parar hasta verlo hecho realidad.

Nos vemos en la pantalla. O, muy pronto, entre los pinos.

2 comentarios en «El silencio del mañana.»

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