Soñando en 35 mm.

Blog del director de cine Oscar Parra de Carrizosa

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Funeral de payaso

A menudo se piensa que el cine necesita escenarios grandilocuentes, efectos deslumbrantes o hazañas épicas para atrapar al espectador. Sin embargo, desde DEHON Cinema siempre hemos creído que existe una magia inigualable, y una alegría profunda, en encender la cámara para capturar la vida misma. Funeral de payaso es exactamente eso: una celebración del costumbrismo, un homenaje a la belleza de lo aparentemente ordinario.

Rodar esta historia ha sido un recordatorio fascinante de por qué amamos hacer cine. Hay algo tremendamente divertido y tierno en reconstruir un asfixiante salón de extrarradio en el caluroso agosto de 1996. La verdadera aventura cinematográfica aquí no está en salvar el mundo de una amenaza alienígena, sino en algo mucho más humano, terrenal y cercano: observar cómo un grupo de personas intenta sobrevivir a una interminable tarde de calor, armados únicamente con un ventilador ruidoso, unos polos de limón que se derriten demasiado rápido y una frágil red de pequeñas mentiras piadosas.

El encanto de nuestros «héroes» de andar por casa

Llevar a la pantalla a personajes como Ana, Juanma, Justo, Antonio y Luis José ha sido un proceso lleno de vitalidad y sentido del humor. Como cineasta, encuentro una satisfacción enorme en explorar esas excentricidades que todos tenemos y que, a menudo, solemos ocultar tras la puerta de casa para aparentar normalidad.

Justo nos regala la comedia y la ternura de quien decide montarse su propia obra de teatro en el cuarto de estar, convencido de su propia grandeza aunque la camisa de seda le quede enorme y los hombros se le caigan. Frente a él, el sarcasmo refrescante y glacial de Antonio actúa como el contrapunto perfecto, mientras que los malabares físicos de Luis José por mantener las apariencias nos recuerdan, con una sonrisa cómplice, lo ridículos que podemos llegar a ser por el terror al qué dirán y al juicio ajeno. El trabajo actoral aquí es el verdadero motor de la historia, exigiendo una entrega donde la incomodidad física, como soportar prendas opresivas en pleno verano, se transforma en oro narrativo.

Resulta una verdadera delicia filmar dinámicas tan humanas. En medio de este circo doméstico emerge la figura del rector, el Padre Orellana, un personaje moldeado a partir de un Orellana de carne y hueso que, sin ser clérigo, también se dedica a repartir lecciones de vida (al menos a quien no le conoce, claro). Dentro de la historia, este rector, en su infinita petulancia, se lleva la mayor bofetada del cortometraje; un golpe maestro que no necesita hacer ruido para dejar marca. Frente a su soberbia, las miradas de Ana y del joven Juanma se erigen como el ancla emocional del relato. Ambos representan esa mirada compasiva que tanto anhelamos cuando hacemos el ridículo; el refugio de esa familia, ya sea de sangre o elegida, que te quiere justa y precisamente por tus imperfecciones.

La estética del desguace y la textura del recuerdo

Para envolver esta amalgama de egos frágiles, apostamos firmemente por lo que me gusta llamar «la estética del desguace». No se trata solo de colocar muebles viejos frente a los objetivos, sino de capturar visualmente la textura del recuerdo. Queríamos que la fotografía transpirara ese ambiente agobiante pero entrañable a la vez. Capturar los tonos cálidos, el gotelé descascarillado y esa luz densa que se cuela por las persianas a medio bajar ha sido un reto fascinante en el set. El objetivo final era dotar a la imagen de esa pátina analógica, casi de Polaroid olvidada en un cajón, que transporta al espectador instantáneamente a una tarde estival de hace casi treinta años.

Funeral de payaso, de Óscar Parra de Carrizosa.
Funeral de payaso, de Óscar Parra de Carrizosa.

Funeral de payaso: La fiesta de recrear los 90

Más allá de la pantalla, Funeral de payaso reivindica la felicidad del propio acto de rodar. Hacer cine independiente y costumbrista significa reunirse con un equipo que acaba convirtiéndose en familia, compartiendo risas cómplices entre tomas mientras se ajusta meticulosamente el atrezzo de los años 90. Es jugar a viajar en el tiempo para rescatar una época sin teléfonos móviles, donde el aburrimiento obligaba a la imaginación a tomar las riendas. Recrear ese universo, desde los objetos más insignificantes hasta el vestuario, ha sido como abrir una cápsula temporal que dota a la obra de un alma muy genuina.

En DEHON Cinema sabemos que las mejores historias suelen ocurrir en los lugares más insospechados. Este cortometraje es la prueba fehaciente de que no hace falta salir de un salón con papel pintado para encontrar un relato vibrante, tremendamente divertido y lleno de fuerza dramática. Porque, al final del día, rodar lo cotidiano es rodar sobre nosotros mismos. Es desnudar el alma humana con una carcajada y un suspiro. Y pocas cosas dan tanta alegría en esta profesión como ver al público sonreír, emocionarse y, sobre todo, reconocerse en ese espejo imperfecto y maravilloso que es el cine.

4 comentarios en «Funeral de payaso»

  • Me da «escalofríos» el pensar en estos personajes «de desguace»

  • ¡No hay superhéroes que les mejoren!

  • Así es; estos náufragos de salón son, en realidad, el espejo de nuestras propias vidas. A través de ellos descubrimos que, frente a la adversidad de lo cotidiano, no hay nada más heroico que el simple y rotundo hecho de vivir. Gracias infinitas a los dos. Más allá de la pantalla, sabéis bien que, junto a la luz de mi querida Laura, el buen hacer de Mario y la maravillosa comicidad de Diego, sois el latido y el motor indiscutible de nuestro cine.

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