Javier Gurruchaga, de profesión artista.

Cuando se planteó la posibilidad de rodar con Javier, una sensación de alegría me invadió.

No sé si la palabra alegría es la más adecuada para definirlo, fue como cuando te cuentan que un amigo tuyo de la infancia va a volver de vacaciones al pueblo y resulta que aquel tipo, del que guardas un lejano recuerdo, era el gracioso, el tío simpático y dicharachero del grupo, y una media sonrisa te cambia el rictus bajo la que se oculta la frase: lo vamos a pasar bien.

No me equivocaba.

Nada más llegar al rodaje, Javier, creador eterno de eternos instantes cómicos, entró en funcionamiento regalándome una interpretación cargada de matices, «gurruchagueo» y humor salvaje. Comenzando por el nombre del personaje, Gelasio,  ínclito enterrador del ficticio Villanueva de los Molinos (pueblo manchego donde se desarrolla «Abrázame») y terminando por su interpretación «off the record» en el cementerio de Argamasilla de Alba, con un frío devastador y donde Javier Gurruchaga nos hizo reír con su, ya célebre, grito: «¡Esto es inhumano! ¡Voy a enfermar, joder!». Y es que el frío manchego no está hecho para estos hombres del norte peninsular.

Javier Gurruchaga es, ante todo, un artista flexible y generoso.
Mañana, viernes 29, Javier vuelve con la mítica Orquesta Mondragón a Madrid, al teatro de La Latina.

Allí, servidor codirigirá junto al también cineasta Borja Cobeaga, el concierto y documental que estamos preparando. Posteriormente me marcharé con Javier a México, donde es muy admirado, para grabar algún concierto más y completar un trabajo que promete poner a la Orquesta Mondragón en el sitio que merece tras más de treinta años de carrera.

El mítico, Javier Gurruchaga.

El mítico, Javier Gurruchaga.

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